Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de agosto de 2010

Nuevo amanecer soleado

Es raro. Los amaneceres se ven diferentes al despertar rodeado de nada, acompañado tan sólo por todo aquello inanimado, que junto al tiempo fuimos acumulando y aprendiendo a valorar. Ninguno de estos objetos te saluda, ni te observa... es más, ni siquiera respira. La luz del dorado astro se escurre lentamente entre las estrechas rendijas de las persianas, logrando penetrar, ganando minuto a minuto mayor espacio en cada terreno expuesto a su lenta invasión.

El canto de los pájaros afuera acompaña, con un alegre y resonante trinar, el despertar de quien sucumbe a los encantos de despabilarse durante el nacimiento del día. La tibia brisa matinal comienza a burlarse de las ventanas, filtrándose entre los burletes de goma, y acariciando todo aquello a su alcance. Mientras, la cara sigue mostrando su disconformidad con despertar, pero igualmente, no reniega de la cálida caricia.

Levantarse, con el cuerpo de plomo que de a poco se aligera. Explorar alrededor, gracias al silencioso invasor que ilumina cada vez más la habitación, y ver el entorno, reconocer lugares, momentos, tiempos y espacios que hasta hace poco eran muy diferentes. La calma reina el momento, no hay sobresaltos para quien se debate entre comenzar con su actividad o continuar el descanso.

Es ver que el silencio esta presente en todos lados, en cada uno de los rincones, y que la música de la naturaleza se refugia afuera, con voces bajas, recordandonos qué es el sonido. Mientras tanto ya estamos levantados, y la sangre regulariza su circulación, readaptándose a la posición vertical, erguida, que a los humanos tanto les ha tardado adquirir. Una vez más, otro capítulo comienza a escribirse, solo que esta vez nadie nos alcanza la lapicera.

En fin, pese a todo... uno más, es un nuevo amanecer soleado...

martes, 20 de abril de 2010

El costo de la paz

Tal vez nunca nos preguntamos realmente, y a fondo, cuánto nos cuesta la paz individual. Es algo engañoso este tema, porque... ¿estamos realmente en paz? Si, ya se, no estamos en guerra con nadie, ni tampoco en guerra civil (bah, no exclusivamente declarada), pero eso ¿significa entonces que estamos en paz?

La verdad, creo que no. Considero que la paz es un estado interior, al que podemos aspirar a alcanzar, en esta jungla urbana en la que nos toca vivir. No parece ser una meta fácil, con todo ese stress dando vuelta en el aire... En la ciudad es más simple conseguir un par de infartos, que un boleto a la paz interior. Y sin embargo, acá estamos y cada vez somos más. En fin...

Algunos dirán que con drogas o alcohol se puede dar un recorrido turístico por el estado de paz interior, pero no es más que eso: una visita de un rato, antes de volver a la alocada realidad.
Otros hablan del arte como método de dispersión natural, para "evadirse" un rato. Y esto en definitiva termina siendo lo mismo que el caso anterior, una muestra gratis de la paz interior.

Quizás la única salida efectiva sea escapar a la tormenta de ruidos y tensiones que diariamiente nos vemos sometidos a recibir sin paraguas. Fugar hacia donde las llanuras hablan en silencio, donde las estrellas no se esconden temerosas de las urbes luminosas, las nubes ríen y lloran al compás de las estaciones, y el viento canta su melodiosa canción de cuna relajando a todo ser vivo dispuesto a escucharla. Como Ricardo Iorio, un vividor nato, supo hacer para llegar a ser feliz.

Entonces, si la paz se alcanza solo de este modo, la simple y compleja pregunta planteada por Dave Mustaine "¿Puedes poner un precio a la paz?" seguirá sin respuesta. Y es que tal vez no exista dicha respuesta, con el firme propósito de seguir intentando alcanzarla sin atajos...