Ya sordos los gritos
que encarnan tus dedos,
eternos, siempre recurrentes,
de un añejo manantial
que no seca ni calla
a través de generaciones.
Aún hartos los tiempos
pasados, no tan lejanos,
resucitados en tu ser.
Las voces del ayer,
de ese hoy y ese siempre,
nuevamente son oídas.
Despegan solo falaces
enmiendas de esa nada
que desprendes al huir,
como fragancia ligera
de aromas y hormonas
duras de contener.
Ay, si tan solo hiciera
eco de antaños sueños
hechos sal, hechos tiza,
con golpe de pluma fina...
igual serían lo que hoy
sólo son en sus ruinas
Sólo calla, por favor,
que un silencio no sangra
mucho más que un adiós.
Y sólo suenan tus dedos
sobre aquel frío manto
de letras heladas...
sábado, 4 de agosto de 2012
jueves, 2 de agosto de 2012
Ese rosedal
Aquel extenso huerto,
un semillero de ilusiones.
Sigue llamando al sol
aquel rosedal floreciente
que no brindas, que no entregas.
A penumbras condenas
el éxtasis de sus pétalos,
urgiendo por el regadío
intacto de mis sedes
que no ceden, que no calman.
Más el viento los peina
y escucha sus pesares,
recayendo en los oídos
del sembrador prohibido
que no llega, que no puede.
La condena del desierto,
un fantasma, una chance,
será premio y castigo
al gris sembradío
que no suda, que no llora...
un semillero de ilusiones.
Sigue llamando al sol
aquel rosedal floreciente
que no brindas, que no entregas.
A penumbras condenas
el éxtasis de sus pétalos,
urgiendo por el regadío
intacto de mis sedes
que no ceden, que no calman.
Más el viento los peina
y escucha sus pesares,
recayendo en los oídos
del sembrador prohibido
que no llega, que no puede.
La condena del desierto,
un fantasma, una chance,
será premio y castigo
al gris sembradío
que no suda, que no llora...
viernes, 27 de julio de 2012
Jardín
En ese fondo, ese jardín
donde la magia es aire
y los sueños, sueños son,
aún espera la hierba,
el dulce rocío de tu alba.
Desprende tu ser el éter
divino de tu calor;
abrazo tierno de una piel
que todo cubre, todo envuelve.
Sólo un manto de luz y paz,
sólo hierba y un tímido alelí
de sedosos pétalos húmedos
en ese fondo seco, olvidado,
donde el tiempo es espera
y la ilusión es tu tierna jaula...
...pero es sólo una jaula
donde la magia es aire
y los sueños, sueños son,
aún espera la hierba,
el dulce rocío de tu alba.
Desprende tu ser el éter
divino de tu calor;
abrazo tierno de una piel
que todo cubre, todo envuelve.
Sólo un manto de luz y paz,
sólo hierba y un tímido alelí
de sedosos pétalos húmedos
en ese fondo seco, olvidado,
donde el tiempo es espera
y la ilusión es tu tierna jaula...
...pero es sólo una jaula
martes, 14 de febrero de 2012
Listas negras
Listas negras, recuento de prohibires,
aquellos prescindibles entes y nombres
que sólo quedan fuera de un camino
por el ripio grosero de la vida.
Esa inhumanidad que subyace adentro
en lo profundo de las entrañas
expone a los celos de la indiferencia
la cruda respuesta a la no pregunta.
Listas negras, sólo listas son,
mas el descarte de lo sobrante nace,
crece y vive en sus tiernos regazos,
para ser un olvido y su poco tiempo.
Pero lo justo es lo que se vive,
y vive aquello que no se detiene,
es por la dinámica de los seres
que las listas siempre son parte de uno...
aquellos prescindibles entes y nombres
que sólo quedan fuera de un camino
por el ripio grosero de la vida.
Esa inhumanidad que subyace adentro
en lo profundo de las entrañas
expone a los celos de la indiferencia
la cruda respuesta a la no pregunta.
Listas negras, sólo listas son,
mas el descarte de lo sobrante nace,
crece y vive en sus tiernos regazos,
para ser un olvido y su poco tiempo.
Pero lo justo es lo que se vive,
y vive aquello que no se detiene,
es por la dinámica de los seres
que las listas siempre son parte de uno...
miércoles, 8 de junio de 2011
Recuerdos
Lo veo, recuerdo, y pienso. Me pienso. Emulando geometrías y sentidos, posturas y gestos, ansiedades e incertidumbres que conforman parte del pasado. Fragmentos de vida latentes en la inmensidad de la historia que entre todos tejemos día a día. Y recuerdo que todavía existen sectores del tiempo quemados alguna vez, pero que se rehusan a desaparecer en la oscuridad de los infatigables olvidos.
Al verlo me ubico justo ahí, donde convergen placeres y torturas. Un espeluznante excalofrío me recorre, atrofiando mis sentidos de un modo que aún no termino de comprender. Reacciona mi cuerpo, salvaje, cabrío, reviviendo cada célula en la que subsiste parte de la inconclusa sapiencia. Es aquel incierto recuerdo el causante del reflejo... una sinfonía no resuelta que pide a gritos un fin.
Recorro por completo la vulgar escena, ya sin distinguir si estoy viendo o recordando. Sucumben mientras las cadenas que sujetan mi inconciencia inherente, y la cordura queda sometida, relegada a la expectación de los eventos que nunca vendrán, porque ya lo han hecho. Es subliminal el castigo, tan violento como efectivo, tan certero como hiriente, dando (como todo golpe maestro) todo su rigor allí donde las guardias son difusas.
Respiro agitadamente ante el nerviosismo. Los estímulos desmedidos exaltan mis sentidos, acariciándome con brutal delicadeza, tal como lo haría un afilado facón peinando mi nuca desprotegida. Y rememoro, muy a mi pesar, aquello a lo que tanto temo. Es ese, mi fantasma inquilino. Lo sé. Susurra a mi oído, por dentro de mi cabeza, donde el eco de la inmensidad sólo logra acentuar las amenazas. Habla con una suavidad digna de quien se sabe vencedor de antemano... y yo lo escucho, deseando locamente que calle.
Todo termina de repente, con tanta celeridad como con la que surgió. Observo mis manos, ahora sudorosas, sujetando el tímido fruto del momento caótico vivido. Y es cuando comprendo que una realidad puede desvanecerse o reaparecer en instantes... aún no habiendo instantes, aún no habiendo realidad.
Al verlo me ubico justo ahí, donde convergen placeres y torturas. Un espeluznante excalofrío me recorre, atrofiando mis sentidos de un modo que aún no termino de comprender. Reacciona mi cuerpo, salvaje, cabrío, reviviendo cada célula en la que subsiste parte de la inconclusa sapiencia. Es aquel incierto recuerdo el causante del reflejo... una sinfonía no resuelta que pide a gritos un fin.
Recorro por completo la vulgar escena, ya sin distinguir si estoy viendo o recordando. Sucumben mientras las cadenas que sujetan mi inconciencia inherente, y la cordura queda sometida, relegada a la expectación de los eventos que nunca vendrán, porque ya lo han hecho. Es subliminal el castigo, tan violento como efectivo, tan certero como hiriente, dando (como todo golpe maestro) todo su rigor allí donde las guardias son difusas.
Respiro agitadamente ante el nerviosismo. Los estímulos desmedidos exaltan mis sentidos, acariciándome con brutal delicadeza, tal como lo haría un afilado facón peinando mi nuca desprotegida. Y rememoro, muy a mi pesar, aquello a lo que tanto temo. Es ese, mi fantasma inquilino. Lo sé. Susurra a mi oído, por dentro de mi cabeza, donde el eco de la inmensidad sólo logra acentuar las amenazas. Habla con una suavidad digna de quien se sabe vencedor de antemano... y yo lo escucho, deseando locamente que calle.
Todo termina de repente, con tanta celeridad como con la que surgió. Observo mis manos, ahora sudorosas, sujetando el tímido fruto del momento caótico vivido. Y es cuando comprendo que una realidad puede desvanecerse o reaparecer en instantes... aún no habiendo instantes, aún no habiendo realidad.
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